berlin-la-resiliente

Una ciudad la hacen sus habitantes, sus ciudadanos. Pero también una ciudad es donde se asienta, donde se decide fundarla. Pocos lugares, entonces, como la ribera del Spree para hacer Berlín.

Hablamos de una ciudad realmente verde. Llena de bosques, parques y asuntos tan surrealistas como un aeropuerto abandonado que se tomaron los berlineses para el recreo. Y los habitantes de esa ciudad saben de recreos; parecieran estar sumergidos en un profundo fin de semana permanente. Los berlineses se sientan a tomar cerveza desde las once de la mañana… ¡y anda a levantarlos de la mesa!

No los ves borrachos, pero sí en un constante sopor. Se ganaron el derecho de tomar en el metro, en las calles, en los parques. Pero no se te ocurra andar con un niño tomando. Los policías –que no los ves nunca– aparecen de manera surreal y te pueden llevar preso. Porque tienes derechos, pero también deberes. Es libertad, no libertinaje.

Berlín, la ciclista: la puedes recorrer de pe a pa arriba de la “chancha”. Hay ciclovías magníficas que la gente respeta. No hay personas que se pongan a hablar por teléfono o autos cruzados en ellas. Eso se paga con un garabato –nadie quiere recibir una chuchada rottweiller en alemán– o con partes bastante caros. Pero no todo es miel sobre hojuelas: si bien las bicicletas están en todos lados, también se las roban. Enteras o por partes que puedes comprar el fin de semana en uno de los muchos mercados de pulgas.

Y has de saber que Berlín está lleno de fantasmas. La gente los ve y los acepta como parte del entorno, porque la ciudad sufrió lo indecible.

Se dice mucho que Berlín es hipster. Si ser hipster es innovar, adelantarse, promover nuevos movimientos, celebrar en parques y luchar por libertades, es entonces la ciudad más hipster de la galaxia. Hay de todo para todos: hay bares para todos, hay tocatas para todos, hay diversión asegurada para todos. Todo ocurre al mismo tiempo. Los fines de semana, los clubes electrónicos al lado de la ribera del Spree están llenos de personas. Son tranquilos, piolas, y también hay discotecas monumentales como la Panorama, donde el nivel de ácido se huele en el aire, me informan. Fiestas de doce horas bailando entre gente que parece salida de Mad Max.

Berlín, la solitaria: una de las cosas buenas de Berlín es que nadie te ve. Y es, al mismo tiempo, una de las cosas malas. Me contaba un argentino que puedes ver un muerto en el metro y nadie lo toca. Hasta que un alguien se percata de que un pasajero murió.

Se trata de un Berlín de bosques infinitos donde, en el medio de un claro, te topas con una plaza que parece hecha por vikingos, con maderas recicladas, naturales. Nada es de plástico porque Berlín se recicla todo el tiempo. Y en esa plaza, una familia, niños jugando en medio del bosque. Berlín de Treptower Park, un lugar que dentro de sí mismo tiene un monumento colosal de los rusos que tomaron la ciudad y donde hay enterradas cien mil personas que murieron en la toma de Berlín.

Y has de saber que Berlín está lleno de fantasmas. La gente los ve y los acepta como parte del entorno, porque la ciudad sufrió lo indecible. Se tolera todo mientras no ataque el bien común. Berlín es lo mejor del capitalismo y lo comunitario del comunismo. No es cara, tiene para todos los regalones y puedes vivir con poco. Claro, además el sistema de protección social es perfecto. No hay esa violencia que tienen los países injustos, como el nuestro.

Berlín, la del parque más romántico del planeta: Tiergarten. Parece que, de súbito, aparecerán Beethoven o Göethe caminando por ese jardín perfecto. Bueno, dicen que el amor se inventó en Alemania en el siglo XI. No es poco.

Berlín es memoria: todo el tiempo recuerdan lo que pasó para construir su presente. No meten nada bajo las alfombras y las calles te hablan de alegría y dolor. Un ejemplo que podríamos entender y aplicar, ¿no?

Berlín es simplemente magnífica. Una vez en la vida anda a Berlín. Pero la recomendación es ir en su primavera y verano. Los quince grados bajo cero no son muy recomendables, pero la primavera berlinesa es de colores fuertes, prístinos, de gente tomando sol desnuda o jugando bochas. Porque se dice mucho que los alemanes son fomes, y la verdad es que se saben divertir. Son secos para jugar y no pierden el tiempo en el stress. Otra cosa a aplicar.

Berlín de Nike, la diosa de la Victoria y de las puertas de Brandemburgo. Postales imperdibles. Berlín de los museos y exposiciones.

Berlín. Qué más decir.

por Javier Sanfeliú
  • Daniela Paz

    Berlin, la maestra, Berlin la compañera. Berlin no es una cuidad linda. Berlin la pobre, pero sexy. Berlin Berlin. como me has enseñando a vivir

  • Fran Rioseco

    Berlín y tus eternos paseos. Bosques de sabiduría que parecieran aguardar calladitos, esperando por ti. Esa nobleza que se asoma por cada una de tus ventanas. Contemplación que te atrapa y eleva del suelo.
    Nike, cómo no llorar bajo tus alas. Cómo no quererte, cómo no extrañarte Berlín.
    Berlín no es felicidad, es plenitud.

  • José

    Que buena descripción…me abrió el apetito de visitarla!!

  • Gabriel

    “Berlín es memoria: todo el tiempo recuerdan lo que pasó para construir su presente. No meten nada bajo las alfombras y las calles te hablan de alegría y dolor. Un ejemplo que podríamos entender y aplicar, ¿no?”

    No puedo estar mas de acuerdo con esta frase. Berlin o Alemania, jamas olvida, aprende, recuerda y enseña.

  • Valéria