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Los amigos de mi hija son casi todos hijos únicos. Muchos tienen madre y padre por separado, y otros tantos tienen medios hermanos y hermanastros. Algunos no conocieron a su padre y unos cuantos viven la mitad del tiempo con uno y la otra mitad con otro. Por supuesto, siguen siendo muchos los niños que tienen una familia, digamos, funcional (aun cuando en bastantes casos sus padres jamás se casaron), pero podemos convenir que cada día son menos.

Y podríamos convenir también en que el término “disfuncional” para referirse a esas otras familias es, por lo menos, políticamente incorrecto. Debería pasar a la categoría de palabras socialmente reprochables, como “inválido”, “marica” o “negro”. Según la RAE, disfunción es un desarreglo en el funcionamiento de alguna cosa. Y la verdad es que hoy, estando como están las cifras de divorcios, es más raro nacer en una familia tradicional que en una de las otras. O casi.

La verdad es que hoy, estando como están las cifras de divorcios, es más raro nacer en una familia tradicional que en una de las otras. O casi.

En Chile, en 2013, los divorcios superaron en 19% el número de matrimonios celebrados. Y esta cifra podría elevarse tras la puesta en marcha del Acuerdo de Vida en Pareja, cuya idea de legislar ya fue aprobada en el Congreso. Con este cambio eventual, el escenario para el matrimonio comienza a ponerse sombrío porque todo indica que las convivencias legales se van a disparar, superando la cifra anual de matrimonios, sobre todo si se aprueban los cambios que algunos diputados están pidiendo (que el AVP sea celebrado sólo ante un oficial del Registro Civil y no en cualquier notaría, o que el contrato cambie el estado civil a “conviviente”, eliminando la opción de casarse hasta no haberlo disuelto).

Esto quiere decir que vamos a tener un matrimonio con otro nombre. Y va a ser inclusivo con las parejas homosexuales, lo que está muy bien. Pero ¿por qué un heterosexual querría firmar una unión civil en vez de casarse? ¿Hay un trauma asociado al término matrimonio? ¿Somos como las agencias de publicidad que, para lavarle la imagen a un producto, le cambian el nombre y el diseño, pero al final lo que venden es lo mismo de siempre? ¿Será que, por querer dejar fuera a los homosexuales del derecho al matrimonio, inventamos una ley que les entrega los mismos derechos, menos la adopción de niños?

Hace unos meses, un señor llamado Miguel Otero dijo que los hijos de padres separados tienen menor coeficiente intelectual. Y ese señor fue senador de nuestro país. Para mí, ahí está el problema. Gente como él hace que cada vez sean menos los que quieren ser parte de una idea antigua del mundo. Donde los hijos de separados son más tontos. Donde muchas veces es mejor soportar la violencia o las mentiras o el desamor, en vez de tomar una decisión dolorosa, pero honesta, como la separación. La mala prensa del matrimonio tiene que ver con eso.

Chile está basado en familias disfuncionales. El pescador se ausenta por días en el mar, el minero pasa días bajo la roca. La cantidad de hijos no reconocidos es abismante, partiendo por el padre de la patria, Bernardo O’Higgins. Chile ES disfuncional. Y sí, hay que replantear ese concepto de familia que se basa en el matrimonio, porque la institución padece hoy una enfermedad terminal. Y el que no quiera verlo, pues que viva tranquilo en su cueva y no pretenda imponer su ceguera.

por Carolina Pulido
  • Jorge Saavedra

    Muy de acuerdo en parte significativa de esta columna de opinión, pero me desagrada
    ese tono algo insidioso en llamar a alguien “como señor”. Y si bien también me
    considero alejado de las expresiones del ex senador Otero, creo burdo caer en
    rotulaciones que no sustentan nada sustancial… Un detalle eso sí, aunque a
    veces también hay que tomarlos en cuenta.