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Que cuando viaje con una amiga, no viaja sola. Que no necesita a un hombre para estar acompañada.

Que no es mi princesa. Que puede ser astronauta, futbolista, maquilladora, científica o lo que ella quiera ser.

Quiero decirle que explore su vida sexual a plenitud y con responsabilidad. Que eso no la hace más ni menos decente.

Que merece crecer en un país donde las principales noticias de los medios de comunicación no sean “Mira el coqueto escote con que xxx deslumbró en los Premios Oscar”, ni “Mira cómo luce la modelo xxx a sólo tres meses de dar a luz”, ni “¿Sabes qué tan sexy es la estrella infantil de la película de hace 10 años?”.

Que merece crecer en un país donde ella y todas las mujeres puedan decidir sobre su cuerpo.

Que nadie tiene derecho a tocarla contra su voluntad.

Que merece crecer en un país donde ningún político argumente que hay mujeres que son capaces de inventar una violación para justificar un aborto.

Quiero decirle que merece ganar lo mismo que un hombre, que no tolere que su jefe le hable en doble sentido, que no permita que se violen los espacios sociales.

Que se vista como ella quiere vestirse. No para agradar a otros, sino para sentirse bien consigo misma.

Que cuide su alimentación porque está cuidando su salud. No porque hay un parámetro de belleza que indica cómo debe verse.

Que cuando camina por la calle no anda sola ni anda provocando a nadie. Que no existen horas a las que no pueda andar. Que cuando alguien la agrede la culpa es del otro, no de ella. Que cuando no siente seguridad, el fracaso es social, no de ella.

Que conozca el amor, que sufra y que ame a plenitud. Que no establezca lazos por conveniencia, sino por el simple arte de caminar juntos, no porque sola no pueda encontrar las cosas, sino porque codo a codo se disfrutan más.

Que no necesita ser mantenida, que no está obligada a seguir mis creencias, que explore y se equivoque y que descubra su verdad, sus dioses, sus himnos y sus banderas de lucha.

Quiero decirle que nadie tiene derecho a decirle “que anda en sus días”, ni que “son cosas de minas”, ni que “las mujeres son así”.

Que si no está contratada para eso, no debería ser la que sirve el café en la oficina, ni la que la decora, ni la que “es el rostro bonito de la empresa”.

Que nadie más que ella debe administrar su sueldo y decidir en qué lo gasta y en qué no.

Que nadie puede obligarla a parir por cesárea si no quiere, que no está obligada a vestir de rosado a su futura hija, ni de celeste a su futuro hijo. Que no debe retar a su hijo varón si llora, que llorar no es “cosa de niñitas”.

Que no debe levantar los platos sucios de sus hermanos, ni hacer sus camas, ni lavar su ropa, ni la de su esposo, ni la de su esposa. Porque sí, si está enamorada de otra mujer, me encantaría que pudieran casarse o vivir su amor como más feliz la haga.

Que soy feminista y eso no significa que soy lo contrario de machista; significa que quiero que mujeres y hombres tengan los mismos derechos.

Quiero decirle a ella y a todas las mujeres y a todos los hombres que #NiUnaMenos es responsabilidad de todos nosotros. Asumamos.

por Víctor Bascur