el-carerrajismo

Se decía que el deporte nacional era el “cahuín”, esa instancia en la que todos damos rienda suelta a la imaginación y la especulación sobre la vida de otros, siempre condimentados con algo de ficción y, por cierto, siempre en detrimento de esa otra persona. Nadie cahuinea piropeando.

En síntesis, pelar descaradamente pensando que nunca lo harán con uno es un gran error. De aquí nadie sale vivo. De un modo u otro, todos hablamos mal de alguien. A veces, con más pasión; otras, sólo por inercia, equivalente a sacarse los mocos en un semáforo (no tienes nada mejor que hacer). En Chile, esto siempre ha sido así. Pero hoy hay un nuevo deporte que suma más adeptos que todos los clubes de fútbol, y es el carerrajismo.

Si puede robar, en todas sus manifestaciones y metáforas, robe. Si puede mentir, déle nomás. No se preocupe; nadie se va a dar cuenta. Y, si lo pillan, niéguelo, porque un buen carerraja jamás admite nada. Hasta la tumba con un “yo no fui”, o el tradicional “esto no es lo que parece”. Ya tenemos casos emblemáticos: la Ena, Hasbún, Longueira, Novoa, Ominami, MEO, Pizarro… y cómo no mencionar a este niño Dávalos y su cónyuge, príncipes del carerrajismo.

No crea usted que es sólo en la política. Está de más mencionar a todos los coludidos del empresariado. En el deporte, Jadue la lleva, mientras en la Iglesia Católica uno ya no sabe quién no es carerraja. Ah, y el Pastor Soto, para mencionar otro credo.

Pero seamos justos. Carerraja es el que se clava en la bocina en un taco, el que no devuelve el vuelto sabiendo que sobra, el que te lleva el carro del súper, los que ni dan la cara a la hora de pagar las deudas, los hombres y mujeres que abusan de las condiciones de divorcio, el que va a la pega a sacar la vuelta pero recibe feliz el chequecito a fin de mes, y, por cierto, los vecinos que callan cuando deben denunciar. Carerrajas todos y cada uno.

Entrene porque este deporte no es fácil. Hay que ser zorro, estar atento a las señales, tener reflejos de gato, oído de lobo y, claro, vivir con cara de póker. Porque los carerraja ni se arrugan en abusar de todo y todos.

¡Viva Chile, mierda!

por Leonor Alonso