el-color-del-vestido

Ésta es la historia: una señora buscaba vestido para usar el fin de semana en el matrimonio de su hija y, cuando finalmente se decidió, le tomó una foto con el celular y se la mandó. La joven estaba con el novio y le mostró la foto, pero no pudieron ponerse de acuerdo en el color del vestido. Les dio risa, así que Caitlin McNeill –la novia– subió la foto a Facebook y la controversia se extendió a sus amigos, quienes tampoco pudieron ponerse de acuerdo en si el vestido era azul con negro o blanco con dorado.

fig 5 - original

Y así es cómo se les escapó completamente de las manos y, en menos de tres días, la foto pasó del celular de una escocesa de 21 años a viralizarse por el mundo entero como un misterio de la percepción visual. Varios millones de personas han votado en Buzzfeed para tratar de definir la controversia: hasta el viernes, un 72% decía verlo blanco con dorado. Sin embargo, una supuesta foto de la madre de la novia en el matrimonio demostraría que el vestido es azul con negro.

Da igual de qué color es “de verdad”; lo que verdaderamente sorprende (e incluso aterra) es que frente a un objeto real, no seamos capaces de ponernos de acuerdo respecto de algo que consideramos tan trivial y evidente como su color. Esto no es un dibujo de Escher ni una ilusión óptica preparada; es una foto casual y, con ella, de pronto se volvió brutalmente explícito que nuestros sentidos no nos dan acceso a la realidad, firme e igual para todos, sino que construyen una interpretación personal donde no hay certezas absolutas. Todo depende.

La clave para entender de qué se trata la paradoja del vestido es distinguir que, cuando vemos la imagen, no estamos tratando de definir los colores que aparecen en ella, sino el color del vestido. Y es exactamente así como funciona siempre nuestra visión del color: asumimos que los objetos son de un determinado color y no cambian. Esta premisa perceptual se conoce como “constancia del color” y supone que la información captada por la retina es procesada por el cerebro, de manera que su interpretación se adapta a las condiciones de luz ambiente para seguir reconociendo los colores como se supone que son.

Una clásica ilusión preparada para demostrar la constancia del color es la de los cuadros de ajedrez (ver próxima figura), donde la sombra nos hace ver de color diferente los cuadrantes A y B que, en términos objetivos, son exactamente del mismo color. Esto es posible gracias a que en la corteza cerebral hay grupos de neuronas especializadas, que son capaces de comparar cada región observada (o campo receptivo) con su entorno para computar el contraste local. De hecho, algunos teóricos de la visión computacional y la inteligencia artificial han modelado matemáticamente este proceso, mediante lo que Edwin Land llamó en 1971 el “algoritmo retinex”, para tratar de dotar a los computadores de esta misma característica de la visión que compartimos con casi todos los vertebrados, y que había sido documentada en peces por Nigel Daw en 1967.

fig 1 - constancia

Si buscamos ser objetivos respecto de los colores de la foto en cuestión, hay una sola respuesta: el vestido de la foto emite luz en los rangos del violeta y del café (ver los pantone de la siguiente figura). Pero como decíamos antes, la pregunta no es ésa, sino de que color es el vestido, y para eso necesitamos interpretar la información a partir de los datos de la luz ambiental que nos entrega el resto de los elementos de la foto. Es ahí donde emerge la ambigüedad y la controversia, porque no todos recorreremos la foto exactamente de la misma manera, y resulta que el modo y orden en que lo hacemos es absolutamente determinante.

fig 2 - pantone

Por la manera en que está organizado nuestro sistema visual, no somos capaces de mirar panorámicamente, sino que recorremos las escenas con movimientos rápidos y fijaciones de no más de 200 milisegundos, y nuestro cerebro va armando e interpolando el panorama completo. Así las cosas, los primeros sitios donde fijemos la mirada serán el punto de referencia comparativo para la interpretación del color en la escena completa.

Como ejemplo, en la próxima figura se observa a la izquierda un detalle del vestido que está colgado junto al de la polémica. Si lo observan con detención, se trata de un vestido negro con un estampado más claro, quizás dorado, que está iluminado por la luz interior de la tienda. Si, fijada esa referencia durante unos diez segundos, miramos a la derecha, a la mayoría de las personas el vestido les parecerá azul con negro, puesto que las líneas más oscuras son de un tono muy similar al fondo del vestido vecino que interpretamos como negro.

fig 3 - azul

Por su parte, la figura siguiente muestra a la izquierda un detalle del exterior: la calle iluminada que asoma por la vidriera de la tienda. La saturación de la luz llama la atención. Y si miramos con detención por diez segundos, tratando de distinguir los detalles del exterior, captar la vereda soleada y sus transeúntes, la vidriera con un marco de madera café, y luego miramos el vestido, la inmensa mayoría lo verá blanco con dorado.

fig 4 - blanco

Con un poco de esfuerzo y tiempo, cualquiera podrá ver el vestido en su versión azul con negro o blanco con dorado, usando la estrategia perceptual sugerida por estas dos figuras. Por supuesto, no es fácil cambiar de opinión una vez que ya hemos visto el vestido de un determinado color (justamente por la constancia del color), pero para un observador que ve por primera vez la imagen, estas diferencias en el punto de referencia de la observación distinguen definitivamente entre verlo de un color u otro. Y estos puntos de referencia, por supuesto, cambian de individuo en individuo.

Hay muchos que han criticado el lugar que esta pequeña controversia sobre el color de un vestido ha tenido en los medios de comunicación, pero detrás de esta trivialidad hay un asombro muy profundo y una necesidad muy intensa de entender cómo funciona nuestro modo de ver y conocer la realidad, de comprendernos a nosotros mismos. Esto, que pudo haber sido una simple anécdota, ha remecido la idea que muchos tenían sobre la percepción. Nos ha puesto frente a una dimensión cotidiana de la epistemología y nos ha hecho sospechar de lo que antes dábamos por sentado.

Hoy los colores no existen. Todo el mundo ha visto emerger entre sus amigos y contactos de redes sociales experiencias contradictorias del color, interpretaciones de lo que parecía unívoco, y nos hemos puesto a conversar sobre eso, sobre cómo la realidad es la interpretación que hacemos de ella. Piénselo la próxima vez que crea tener toda la razón.

por Oscar M. Lazo
  • Nicolás Fuenzalida

    Buenísimo Oscar! Educativo y expansivo. Gracias!

  • Gabonacho

    No hay caso que lo pueda ver azul…

  • Franco

    Gracias por el escrito.
    Me parece que este asunto del “vestido” es una bonita metáfora respecto de la particular relación de cada sujeto con el mundo. Si en la percepción tenemos diferencias, como no tenerlas en las ideas. Sin duda que esta diferencia estructural, por un lado, permite la construcción de una identidad propia (no prestada), y por otro lado, constituye la base de la creatividad.
    Saludos!