03. El discreto encanto de la música brasilera

Adoro el verano: los días más largos, las tardes cálidas, la alegría de la gente, las terrazas llenas de vida, las puestas de sol –que con el smog de Santiago son casi marcianas– y, por supuesto, las vacaciones. No importa freírme o bancarme un buen dolor de cabeza. No hay como llegar a la casa, sacarse gran parte de la ropa, abrir el refigerador, tomarse una cerveza bien helada, tirarse a la cama y escuchar música.

Hace poco estuve en Brasil, y me enamoré de su gente y del entorno. También me enamoré de su música. Para mi, una verdadera terapia. ¿Será posible que tan sólo escuchando la dulzura de la voz de Astrud Gilberto, nos calmemos? ¿Y sintamos placer?

Estoy segura de que la música como terapia funciona tanto, que nos volvemos adictos. Adictos a recordar, a evocar y, sobre todo, a revivir situaciones significantivas para nosotros. La música brasileña huele a limón y a cachaça, a hielo y a un poco de azúcar. Sus melodías pegajosas, sus armonías maravillosas y sus composiciones inigualables pueden enamorar a cualquiera. Y es que esa mezcla perfecta entre dulzura, tristeza, sensualidad, amor, desamor, nostalgia y frescura, hacen de esta música una especie de sentimiento puro.

La música brasileña huele a limón y a cachaça, a hielo y a un poco de azúcar. Sus melodías pegajosas (…) pueden enamorar a cualquiera.

Los discos de Astrud Gilberto, por ejemplo, están perfectos para compartir un daiquiri al atardecer, pero también para dormir haciendo cucharita. La maravillosa voz de Caetano Veloso nos eriza la piel y nos puede acompañar perfectamente, mientras leemos un libro que nos estremezca. Chico Buarque nos baja las revoluciones y está perfecto para sentarse a escuchar (solos o en compañía), pensar y… llorar. Es música más introspectiva.

A Marisa Monte no la puedo dejar de escuchar y de cantar. En sus discos encontramos de todo: enamoramiento, alegría, nostalgia, soledad, pena –mucha pena–, baile, encanto, sensualidad, belleza. Puedo oír sus discos una y otra vez, como loca y para siempre. El año 2008, fue invitada por Julieta Venegas a colaborar en su MTV Unplugged con la bellísima “Ilusión”, sin duda un tremendo aporte para la artista mexicana. Han pasado veinte años de su debut. Era casi una adolescente cuando se convirtió en fenómeno de masas, y sin la ayuda de promociones de ningún tipo. También participó en el interesante proyecto “Tribalistas”, junto a Arnaldo Antunes y Carlinhos Brown.

El año pasado publicó su octavo disco de estudio, “O que você quer saber de verdade”, después de cinco años. Y, además, tuvo la generosidad de colgar vía iTunes otro disco, un EP titulado “Live from São Paulo”, con invitados como Venegas, Antunes, Brown y Gustavo Santaolalla. Todavía se puede descargar gratis.

La música brasilera es cautivadora y discreta. Y digo discreta porque, tal vez debido a que el idioma nos limita, tengo la sensación de que acá no se conoce mucho y pocos artistas marcan nuestro país en su agenda de conciertos.

Los invito a escuchar la canción “Aguas de Marzo”, de Tom Jobim (interpretada por él y por la magistral Elis Regina), broche de oro para sorprender a cualquiera. Para decir “te amo” y decirle adiós al verano. Sencilla, nostálgica, evocadora, bellísima, encantadora. Tan bien escrita que me emociona hasta la médula. Esta canción logra que uno no necesite nada más… nada más que ese sonido que, de mi cabeza, simplemente se niega a desaparecer.

por Verónica Calabi
  • Ange

    Aquí me quedé, como empapada por “Aguas de marzo”.                                                   Simple y reposada nota, me gustó leerla.

  • http://twitter.com/Alansareagleeye Alansar eagle eye

    la batida diferente ni más ni menos…

  • http://www.facebook.com/profile.php?id=100003155040143 Roberto Rivera

    linda columna Vero un acierto. astrud me gusto mucho es totalmente distinto a la música que escucho pero tiene una rica textura que te transporta