en-remolinos

Antes de que empiecen a leer esta columna, les sugiero un playlist para que los acompañe. “En Remolinos”, “Luna Roja”, “Claroscuro”, “Fue”, “Vivo”, “Tracción a Sangre”, “Cactus”, “Lago en el Cielo”, “No Existes”, “Corazón Delator”, “Médium”, “Verbo Carne”, “Sulky”, “Sudestada”, “Colores Santos” y “Artefacto”. Cualquier sugerencia es bienvenida.

Listo el soundtrack, vamos con el texto.

Enero del ’93. Gira del recién editado Dynamo. Estábamos en La Serena con mi familia y vimos el cartel de que Soda Stereo tocaba al día siguiente en el estadio La Portada. Era mi primera oportunidad de estar presente en un concierto de Soda (después vendrían muchos más; no me acuerdo la cantidad exacta de veces). Antes, como muchos de mi generación, los había visto por televisión y escuchado por radio en el Festival de Viña del ‘87. El show de la Quinta Vergara lo atesoro hasta hoy, completo en video y sin el logo de TVN, obra y gracia de un “respaldo” del archivo del canal, pero ésa es otra historia.

Apenas vi el afiche, le pregunté a mi papá si podía ir. “Si va tu hermana, les compro la entrada”, respondió. Convencer a mi hermana nunca me ha sido muy difícil. El amor incondicional que nos tenemos nos hace celebrarnos mutuamente hasta las tallas más fomes. Listo, en veinticuatro horas iba por fin a escuchar “El Rito”, “Signos”, “No Existes”, “La Ciudad de La Furia” y las nuevas canciones de este disco que, salvo por “Primavera O”, no sonaba mucho en la radio. En honor a la verdad, no sonaba nunca.

Si bien la dictadura terminó el ‘90, la dictadura musical se vino recién a caer cuando llegó internet. Si por alguna razón cometías el error de entusiasmarte mucho con algún músico que no le gustara al “innovador” e “iluminado” de turno de esa época en los medios (pequeños dictadores en resumen), estabas condenado a ser un nómade entre las pocas tiendas de música que había en el centro o en Providencia. Como pidiendo limosna, llegabas a ver si alguna luz divina había traído el disco que te habían contado que existía o que te habían dado el dato de que traía canciones que te iban a gustar.

Vuelvo al estadio La Portada de La Serena (lo siento, soy disperso). Poca gente, no más de 1.500 personas. Claramente, la poca difusión afectaba al interés de ver a Soda en vivo. Había tan poca gente, que el escenario estaba en la mitad de la cancha, mirando hacia la marquesina. En cancha, te podías jugar una pichanga con todo el espacio que había entre persona y persona. Era tan relajado el ambiente, que la reja entre las galerías y la cancha estaba abierta por si alguien se quería acercar al escenario.

Salí distinto ese día de La Portada. Quería escuchar más música nueva, explorar, no quedarme con lo que la radio quería que me gustara. Lo mismo me pasó con Cerati solista.

Partió el show, igual que como parte Dynamo, con “Secuencia Inicial”. Escuchabas y sonaban como tres guitarras al mismo tiempo, mirabas al escenario y estaban los tres de siempre. Algo había cambiado en la composición de Cerati (con los años y con un poco más de estudio, aprendí que en la producción y en el trabajo en estudio también). Era como escuchar otra banda. Ese sonido livianito característico de los ‘80, muy marcado en los dos primeros discos, que fue mutando en Signos y Doble Vida, había evolucionado hacia algo más denso, más ambiental, lleno de texturas, igual que el título de la última canción de Dynamo.

Me quedaron marcados en la memoria los comentarios de mucha gente (mayor que yo, por cierto) que estaba a mi alrededor. “Ay, qué malas las canciones nuevas”, “¿Cuándo van a tocar ‘Cuando Pase el Temblor’?”, “Se nota que van en baja”, y así. Vino la segunda canción de la noche, “Toma La Ruta”, y, a continuación, lo que yo sentí que era una patada en el hocico: “En Remolinos”. Luces apagadas, humo, la guitarra distorsionada a más no poder y ese beat levantamuertos de la batería. Listo, a esas alturas ya tenía la mandíbula a la altura de los tobillos, entre el sonido del bombo, la caja y la guitarra. Si cuando me regalaron Signos en cassette en plena niñez (sí, de los blancos con letras naranjas) estaba feliz, en ese momento estaba pasando a la adolescencia.

Los más críticos de Cerati se llenan la boca diciendo que su carrera la hizo en base a puras copias; que todo esto que aparecía en Dynamo era un calco del sonido alternativo de fines de los ‘80. Ya, experto en música, supongamos que te lo concedo. Pero si así fuese, y aunque seas incapaz de reconocer nada de talento en Cerati, al menos acepta que si hay algo que hacía bien era tomar muchas influencias y estilos, y catalizarlos para que a los ignorantes y poco inteligentes como yo, nos dieran ganas de escuchar esos grupos que tú guardabas en una cajita como la única defensa de tu intelecto.

Así siguió el concierto. Para “Primavera 0” –y con la complicidad de mi hermana (gracias, Gaby)–, bajé a la cancha solo, a escuchar un rato más de cerca. El “goles suenan a la distancia” ya no me podía tener más feliz. Si hay dos cosas que me gustan en la vida, son la música y el fútbol. Que todo eso se resumiera en una canción, era la mejor forma de terminar de engancharme con Dynamo. De ahí en adelante, lo que quedaba del disco, hasta llegar a “Fue”. Amor a primera escucha.

Salí distinto ese día de La Portada. Quería escuchar más música nueva, explorar, no quedarme con lo que la radio quería que me gustara. Lo mismo me pasó con Cerati solista. ¿Cómo lo había grabado? ¿Dónde? ¿Con qué guitarra? ¿Qué samplers usaba? Así hasta hoy. Donde puedo, averiguo algo, busco un video, compro una revista, le pregunto a la gente que trabajó con él o lo que sea.

No hay nada peor que sentirse desilusionado al escuchar algo nuevo de un músico que te gusta, y eso con Cerati nunca me pasó. Al contrario, cada disco que sacaba, lo escuchaba y pensaba: “podría grabar todos los discos anteriores con este sonido”.

“Dynamo”, “Siempre es Hoy”, “Fuerza Natural”, “Signos”, “Canción Animal”, “Colores Santos”, “Ahí Vamos”, “Bocanada” y “Doble Vida”. En ese orden, es todo lo que suena mientras escribo y todo lo que va a seguir sonando cuando esté feliz, tenga pena, rabia, desamor, esté de viaje, en mi casa, en la calle, en un avión o manejando por alguna carretera. Porque sí, igual que para los que están leyendo esta columna, la música de Cerati también es parte de mi vida y lo será siempre.

por Alvaro Amar
  • Rainiero

    Perfecta de descripción de un tiempo y espacio !

    • Nacho

      Estupendo relato, Alvarito. (Sólo hacer un fe de erratas. “sal del camino” en rigor se llama “Toma la ruta” Abrazo, bro

  • Sergio Belmar Macho

    Comparto tus ultimas palabras
    “la música de Cerati también es parte de mi vida y lo será siempre.”

    Saludos

  • http://danimolano.wix.com/designwork Dani Molano

    <3 !

  • Katerine Garay

    “todo lo que va a seguir sonando cuando esté feliz, tenga pena, rabia, desamor, esté de viaje, en mi casa, en la calle, en un avión o manejando por alguna carretera. Porque sí, igual que para los que están leyendo esta columna, la música de Cerati también es parte de mi vida y lo será siempre.”

    De los 30 años que tengo, 15 han sido junto a Cerati y Soda (sin contar que cuando era niña los escuchaba por mis padres) y así seguiré!

  • Claudia Guzman Mattos

    Qué buen setlist para leer esta columna!… Comparto plenamente que Dynamo marca una diferencia en la composición, en el sonido. Escucho “En Remolinos” y siento que suena actual, que me transporta a un mundo sublime. Que Cerati es un artista capaz de reinventarse, experimentar y dejar huella. Ay amigo! cómo comparto y entiendo tus palabras. Un abrazo y un salú por Cerati.

  • Carmen Gloria Pacheco

    planta … :p

  • Carmen Gloria Pacheco

    para mi falto planta ( la puse al final de mi playlist) me pasó algo similar, atesoré dynamo y de ahí me dieron ganas de seguir explorando en la música. Hace unas semanas atrás puse en mi facebook “cuanto se extraña Cerati” y es que se notaba que faltaba para mi por lo menos. Me quedé con la esperanza de oír que venia de nuevo (expectante) él jamas me desilusionó y como un mejor amigo tenia la frase perfecta en sus canciones para llorar, seguir adelante, odiar, amar , incluso ahora para recordarlo en tanta frase oculta que nos recordará lo grande que es.