instinto

Algunos dirán que hay que analizar, racionalizar, comentar, evaluar y, luego de todo eso, tomar una decision. ¿Pero sabes qué? Probablemente tú –y sólo tú– sepas desde el primer momento qué debes y qué no debes hacer.

Es el instinto, ese cúmulo de información de nuestros antepasados incrustado en nuestro ADN y alma, que todo lo sabe, ve y puede. Pero como no lo vemos, no sabemos a ciencia cierta dónde está y no le damos la importancia que debemos darle.

Conoces a alguien, te gusta, lo pasas bien, pero algo no calza y te hace ruido. Entonces, ¿qué haces? Avanzas porque piensas que quizás en ese instante no estabas bien, que habías tenido un mal día o lo que sea, y no obedeces a tu instinto. Y piensas que quizás luego de racionalizar ese momento, aquella primera impresión cambiará, y eso que sentías en algún lugar indefinido –que varía de persona a persona… en mi caso, está ubicado justo en la boca del estómago– no pasaría de ser una tontera, algo sin importancia. Error.

Dicen que no hay peor juez que uno mismo, y eso es cierto, porque uno sabe qué hacer siempre, uno tiene la información necesaria para tomar decisiones y avanzar, pero duda, titubea, oscila entre seguir o detenerse. Porque en esta maldita cultura de las certezas, el que duda pierde. No todo es blanco o negro, no todo se puede cuantificar.

– ¿Me quieres?
– Sí
– ¿Cuánto me quieres?
– Mucho
– ¿Cuánto es mucho?

Puras tonteras. El afecto no tiene números, no se mide como el colesterol o el índice de glicemia. Sólo se siente, y uno sabe cuánto es “mucho”. Y también que cuando te lo dicen, puede que sea “poco”. No te engañes.

Sin embargo, como todo en la vida, hay matices. Tampoco se trata de andar como un Cro-Magnon sin darle pelota a la razón, que ya lleva años salvándole la vida a nuestra especie. Pero escúchate, en la noche conversa contigo y verás que si meditas un poco (ideal si aprendes a hacerlo; créeme que ayuda a aclarar los pensamientos y aquieta las ansiedades), serás capaz de saber si avanzas, te detienes, cambias de rumbo o lo que sea.

Dedícate a conocerte a ti mismo. No es posible hacerlo realmente con los demás. Somos tan complejos que llega a dar rabia: estamos encerrados en nuestro propio mundo, en nuestra biología. Nos conectamos con los otros, pero al final lo que pensamos de ellos es una suposición, una hipótesis y nunca tendremos real certeza sobre lo que esa persona piensa.

No te desgastes tratando de comprenderlo todo; para eso hay profesionales calificados. Escucha a tu instinto; no importa si está en la boca del estómago, en la garganta o en el ombligo. Donde quiera que se ubique, te grita a diario qué hacer. Y como aconseja el dicho anglosajón: You never get a second chance to make a good first impression”.

por Leonor Alonso
  • Gustavo

    Esto lo puedo comentar por acá, un poco más intimo, ya que es una confesión. Hace una semana me puse en tratamiento para dejar de beber, desde mucho rato con mis amigos más cercanos lo conversé, “soy un bebedor” me decía…no es así, soy un alcoholicoes la la frase que debí usar, cuesta tanto verbalizarlo y decirlo así, de frente. Desde mucho rato que sabía
    perfectamente que hacer, la diferencia es que en este caso, SI necesitas apoyo profesional. El cambio es notable y ya podré comentarlo con mis amigos más cercanos…En mi caso, no había nada que analizar, racionalizar ni comentar, simplemente había que dejar de beber, mi yo interno, instinto, mi conciencia, llámenlo como más les acomode,
    me lo había dicho hace mucho rato ya.

    Gracias Leonor