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Tenía 19 años y estaba en clases. De repente, sentí una puntada en mi cabeza: certera, pero no invalidante. La obvié. Esto sin sospechar que su misión era que le prestara atención. Siguió en aumento. Me resistí, pero el mareo y la sudoración fría obligaron la retirada. Si quería mi respeto y mi miedo, lo logró. Así viví mi primera jaqueca; tema que inspiró a la escritora y periodista estadounidense, Joan Didion, a escribir su ensayo “En la cama”.

“Cuando estoy en el aura de una jaqueca (…), paso los semáforos en rojo, pierdo las llaves de casa, vuelco lo que tengo en la mano, pierdo la capacidad de enfocar los ojos o decir frases coherentes, y en general doy la impresión de estar drogada o borracha (…). Que nadie se muera de migrañas parece, a alguien que está sufriendo un ataque, una bendición ambigua”, relata Didion.

Sobreviví a mi primera crisis, tras un periplo donde sólo imploraba un rincón de calma. Es al llegar ahí que el dolor se siente más cómodo; se desparrama, como si llegara a su sillón, se pusiera pantuflas y esperara a que fuésemos corriendo a encenderle un habano en su trono de omnipresencia.

Didion eligió hacer arte de sus vivencias. Relatos desgarradores nacieron de un tema que la acechó de manera tan descarnada como la muerte.

Como “una agradable euforia convaleciente”, describe Didion la sensación posterior a una jaqueca. Llevo más de 16 años sufriéndolas y no hay otra forma de explicar esa emoción cuando, aún débil, te das cuenta de que tu integridad está de vuelta; que recobraste ese tú que se dejó atropellar entre punzadas.

“Ahí mismo está la utilidad de la migraña, en esa yoga obligatoria, esa concentración en el dolor. Porque cuando el dolor se va (…), todo se va con él, todos los resentimientos ocultos, todas las vanas ansiedades”, asegura la escritora. Finalmente, el padecer es un síntoma de algo que hay que exorcizar y nuestro cuerpo y alma no encontraron otra salida. Todo finalmente emerge y exige el respeto adecuado.

Si hay alguien que sabe de eso y de dolor, es Joan Didion. En 2003, tras visitar a su hija Quintana que se encontraba en coma, su marido, el escritor John Gregory Dunne, murió de un ataque. De esta experiencia nace su libro “El año del pensamiento mágico”. Lo termina sin saber que Quintana también la dejaría al poco tiempo.

Didion eligió hacer arte de sus vivencias. Relatos desgarradores nacieron de un tema que la acechó de manera tan descarnada como la muerte. Asimismo, describe tan certeramente un malestar –a la luz de muchos simplón– como la jaqueca. Todo es importante para su pluma.

Se puede concluir que su mensaje es: “si no puedes con la vida, escríbela”. Las palabras como riendas a lo que no entendemos o controlamos. Hacer que las experiencias nazcan nuevamente, pero desde nuestra visión. Es así que su ensayo “En la cama”, no es otra cosa que el arte de una jaqueca bien parida, haciéndola suya con maestría, encapsulando allí misterios y penas. Todo lo que hace que yo, mujer común y doliente, me pregunte en cada crisis: ¿qué estaré exorcizando?

por Daniela Salas