los bunkers

¿De qué hablamos cuando hablamos de rock chileno? Claramente, hoy ya no estamos en esa “plena edad del plástico” de la que habló Jorge González en su música, al iniciarse la carrera de Los Prisioneros. Tampoco parece casualidad que el gran referente y destino de homenaje en esta tercera cumbre del rock chileno sea el mismo González, lengua mordaz, primer ícono moderno del rock local, un personaje muy distinto al perfil hippie que encontramos en el Alquinta de Los Jaivas o en el Gatti de Los Blops de nuestra prehistoria musical rockera.

Por el camino que el trío sanmiguelino abrió, han transitado al menos tres generaciones de músicos icónicos del rock chileno. Lo más representativo de la última de ellas se podrá ver en este evento, que ya es un clásico necesario de la cartelera santiaguina.

El nuevo rock chileno (¿o habría que llamarlo neorock, para diferenciarlo?) es desprejuiciado, vehemente y festivo.

El rockabilly urbano del dúo Perrosky, el pop guitarrero de De Saloon, las raíces afro de Papanegro, Mamma Soul y Movimiento Original, y el postpunk con vocación pop de Primavera de Praga y Ases Falsos. El garage rock de Jiminelson y las Lilits, hacen perfecta mixtura de sabor con el rock moderno de Saiko y los debutantes Astro.

En especial, la banda de “Maestro Distorsión” llega precedida de la expectativa más alta en la crítica especializada extranjera, que se ha rendido a la excentricidad exquisita de su pop sicodélico y excéntrico, con raíces tanto en el neorock ecléctico de Passion Pit, como en el pop oscuro británico de mediados de los ‘80. Algo que bien podría hermanar su sonido altamente elaborado con el del dúo Dënver.

Serán bandas de alto kilometraje en los circuitos del nuevo rock, las que servirán de puente generacional entre la canción popular beat de Los Pettinellis y el folk-rock mestizo de Los Bunkers. El verso combativo de Legua York, peces gordos de la escena rap histórica, será contrapunto del hip-hop orgánico y sin límites de estilo, que es la patente de Cómo Asesinar A Felipes.

Todos estos grupos unidos por la misma actitud voraz con la cultura pop que emparenta el –autodefinido– metal-pájaro de Sinergia, con el pop fiestero de Silvestre y la cumbia ruda, pero desordenadamente clásica, de Juana Fe.

El nuevo rock chileno (¿o habría que llamarlo neorock, para diferenciarlo?) es desprejuiciado, vehemente y festivo. Tiene alto nivel de profesionalismo y no le teme a los grandes escenarios. Éstas que son las bandas de la Tercera Cumbre del Rock Chileno son, ante todo, muestra de que un país diverso tiene la música que lo representa. Bienvenidos a lo que viene después de la “plena edad del plástico”… sea lo que sea de lo que estemos hablando.

por Julio Osses