03. Músicos de nombre y apellido

La música es un tema que me cautiva desde que tuve la edad suficiente para reconocer una obsesión. O sea, desde siempre. Lejos de ser un experto, me he cultivado como un amante e inagotable conocedor. Y eso ha sido suficiente durante toda mi vida.

Voy a retroceder un poco en el calendario. Nací en el año 1973, época en la que existía un vasto catálogo de música prohibida y absolutamente atrayente. Afortunadamente, mi madre (quien coleccionaba múltiples atributos, entre ellos la melomanía) escuchaba Violeta Parra, The Rolling Stones, Illapu, Inti Illimani, música de la nueva ola… Por su parte, mi abuelo escuchaba tangos y boleros, mientras mi padre –proveniente del campo– era dado a escuchar cuecas, corridos, Lucho Barrios y toda la música que fuera directo de la tierra al corazón. No faltarían los tíos que llegaran a mostrarme Sui Generis, Queen, The Beatles y el etcétera más musical que puedan imaginar.

Gracias a esas bases, como todos los mortales que se permiten moldearse alrededor de la música,  forjé mi personalidad. Y acá estoy después de tantos años, creyendo estar preparado para opinar de la música. Pero aun así me lo permito, y quiero indagar en qué me pasa con los músicos chilenos con nombre y apellido ¿A qué me refiero? A toda esta generación de exponentes del tipo Fernando Milagros, Camila Moreno, Nano Stern, Francisca Valenzuela, y suma y sigue…

Qué mala costumbre tenemos de encasillar músicos en una tendencia, generación o grupo de artistas.

Al principio mandó el prejuicio: “Son todos iguales”, pensé. Error. ¿Qué tendrían en común aquellos que se hacen llamar por nombre y apellido? Fue uno de mis amigos más “insistentes” quien me habló sin cesar del primer disco de Pedro Piedra. “Dale, que lo tienes que escuchar; es bueno”, me decía. ¿Y qué pasa cuando alguien te insiste mucho en algo? Quieres huir y nunca probar o escuchar lo que tanto te promueve. Algo similar a un vendedor de “tiempo compartido”. Más tarde llegaría a mis oídos el nombre de Manuel García, de manos de otro músico “de nombre y apellido”: mi amigo Camilo Salinas, quien me lanzó la frase “la música de Manuel emociona”.

Tanta fue la insistencia de mis amigos, que terminé cediendo a ir a ver a Pedro Piedra. Al salir de mi casa, tomé mis llaves y dejé los prejuicios. ¿Qué sucedió? Me voló la cabeza. La potencia de su puesta en escena, la fuerza de la banda, las letras… un show completo e inmenso que consiguió hacer cambiar no sólo mi parecer, sino principalmente mi paradigma respecto de la música.

A Manuel García tuve la fortuna de conocerlo, conversar con él y transparentar mis prejuicios contra los artistas “de nombre y apellido”. Obviamente, se rió mucho de mi honestidad y obcecación, conversamos de la vida y –con el tiempo del artista que se entrega a entender a un prejuicioso– expuso con gracia su música: esa que me hace entender que él no tiene fans, sino su propia hinchada. Que su música es honestidad y diversión y que, además, me emociona.

Qué mala costumbre tenemos de encasillar músicos en una tendencia, generación o grupo de artistas. Creer conocer de qué se trata su trabajo, cuando no hemos hecho más que fijarnos en que escriben su nombre seguido de su apellido. Qué mala costumbre la de la taxonomía, que no hace otra cosa que alejarnos de lo que realmente importa: la verdad que se esconde en la gente que hace con gusto lo que le apasiona.

Finalmente, Violeta Parra y Lucho Barrios también tuvieron un nombre y un apellido. Y usted y yo, también.

por Tomás Olivera
  • http://twitter.com/microrealidades Loreto

    Gracias por hablar de música chilena desde la vereda de un auditor, como tantos que somos todos. A seguir escribiendo!