02. No era sólo rock & roll (y nos gustaba)

Este mes –y disculpen la autorreferencia de las próximas líneas– la revista Rolling Stone Chile bajó las cortinas, después de seis años de sobrevivencia. El número de diciembre, que circuló con la portada en tributo a los veinte años del grunge, fue el último de una publicación que nació con la esperanza de hacer las cosas a lo grande y que, más allá de las culpas y omisiones, deja un espacio muy vacío en lo que a cultura popular se refiere.

Rolling Stone Chile, como todas sus filiales a lo largo del mundo, no era sólo una revista de música. La cultura, la política, los deportes, la narrativa y la ciencia fueron, entre otros, tópicos a los cuales nuestro equipo editorial se dedicó durante todo este tiempo con una mirada amplia, en perspectiva y siempre bajo la premisa de que todo lo importante “estaba acá”.

Siempre he pensado que si el Protocolo de Kyoto permitiera entre sus cláusulas comprar bonos de carbono en la industria del entretenimiento, medios como Rolling Stone podrían ayudar a salvar al planeta de tanta tontería que da vueltas sin penitencia por la televisión, los diarios y –cómo no– por las cabezas de muchos líderes de opinión de juicios populistas y express.

Pero a la hora de los lamentos, también hay que ser justos. Hubo muchas cosas que, como medio, no hicimos bien. Las necesidades de las audiencias, el trabajo de autopromoción y la constante renovación del público objetivo fueron, desde el día uno, la mayor prioridad en esta apuesta de chilenizar la potencia de una marca internacional. Tal vez flaqueamos en alguno de ellos, y eso nos fue restando puntos en el camino. Seguro, pero lo que es indudable es que fuimos siempre coherentes en darles a los artistas locales, los temas, la estética y la relevancia que un medio como Rolling Stone le exige a cada una de sus páginas.

Lo que nadie puede discutir es que, en estos tiempos, hacer una revista no es lo mismo que hace diez años.

Las portadas de Anita Tijoux, Los Bunkers, Latin Bitman y Francisca Valenzuela, entre muchas otras, se trabajaron con la forma y el fondo de un medio de mirada internacional. La cobertura a la revolución pingüina y a la crisis de la educación superior tuvo, por ejemplo, repercusión en nuestras ediciones hermanas a lo largo del globo. Y esas mismas ganas de hacer revistas, tangencialmente, fueron un aliciente para que otras ideas se lanzaran a la calle en formato papel, para aprovechar la buena nueva: sí, se podía, era posible.

Rolling Stone Chile cierra por muchas razones. Injustamente, para algunos. Por mala, para otros. Porque no supo adaptarse a las nuevas tecnologías, para los que teorizan desde el escritorio y nunca se han manchado las manos con tinta. Y puede que todos tengan razón, pero lo que nadie puede discutir es que, en estos tiempos, hacer una revista no es lo mismo que hace diez años. Las redes sociales, el poder de las audiencias, la comunicación uno a uno y la autogestión de los contenidos, transforman en urgente la forma de comercializar los productos periodísticos de nichos.

El marketing permanente, las alianzas con medios con grandes espaldas, la masividad de la circulación, la fusión del mensaje comercial con los intereses del target y, más que nada, las bolas para arriesgarse a inventar un producto de tanto en tanto, es lo que nos faltó siempre desde el otro lado del escritorio. Del partner comercial, del dueño local de la marca, de un diario como El Mercurio, que nunca se dio cuenta que tener a Rolling Stone en su cartera de marcas le podría haber ayudado a renovar la sangre (como dice el mito que hace Mick Jagger de tanto en tanto). Pero, en fin, así nomás fueron las cosas.

Rolling Stone Chile no era sólo rock & roll (y nos gustaba). Pero nos quedan la música, los recuerdos de ediciones inolvidables y la tranquilidad del deber cumplido. También la certeza de que las inquietudes de otros –gente nueva– harán que estos seis años no hayan sido tiempo perdido.

por Pablo Márquez
  • http://twitter.com/porigor Igor Morales

    Salud!

  • http://www.facebook.com/heroinadeasperger Belen Gutierrez

     don pablo, millon de gracias por haber publicado varias veces mis cartas por vía rolling stones por aprender  y valorar la historia del rock, hoy el rock en chile se merece más alla de que una forma para hacer una música comercial, los rolling stones era el gran sueño para trabajar millones de personas( era un sueño en mi vida ser una chica de la revista y ser una portada de los rolling stones narrando sobre del rock) pero de todo corazón, les garadezco por enseñarme más alla del rock hoy la música en chile se necesita más alla de lo popular, en chile se necesita rock y el chile se necesita una revolucion del rock and roll. hasta siempre don pablo se despide la poetisa del rock.