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¿Has sentido envidia? ¿Te han tenido envidia? ¿Qué pensarías si te dijeran que un recelo familiar y el despecho pueden alterar la vida de generaciones? Es que cuando ese estado gobierna el corazón y la mente, puede actuar tan rápido como una aplanadora que allana y, a la vez, tuerce –a imposición de alguien– el camino de otro.

Esto es lo que sucede en “Purga”, el libro de la finlandesa Sofi Oksanen, publicado en 2008 y que se ha hecho acreedor de numerosas distinciones, tales como el Premio de Literatura del Consejo Nórdico en 2010, entre otros. La historia comienza con el encuentro de dos mujeres, una anciana estonia y una joven rusa, en una zona rural al oeste de Estonia, pero va trasladándose como una montaña rusa entre presente y pasado, develando hechos, relaciones y rencores pendientes.

El tiempo en la narración se vuelve incluso un personaje más, que añade vértigo a una trama que es una perfecta plataforma para hablar de la crudeza de lo ocurrido en un país; sus constantes invasiones y la lucha de su gente por una identidad en medio de un contexto polarizado y de odiosidad, incrustado en lo más macro y también más íntimo de la sociedad.

Temas como la superposición de las ideologías, el tráfico de personas y la pobreza –de recursos y espíritu– se cruzan con experiencias donde la violencia cobra vida en rostros humanos, y los corazones están adiestrados a los sobresaltos, huidas, pérdidas y vejaciones, los que completan y complementan esta narración que sobrecoge en cada una de sus capas y matices.

Ya su mismo nombre, “Purga”, tiene una potencia que habla bastante por sí sola. En su acepción política, habla de expulsión o eliminación por motivos políticos o ideológicos, lo que nos sitúa en el contexto histórico de la invasión soviética a Estonia. Pero el verbo “purgar” también tiene que ver con limpiar o purificar una cosa, eliminar lo que se considera malo o perjudicial. Este libro toma esta palabra y le hace justicia en todas sus variantes y significaciones.

Puedes leer más textos de la autora en Mente Frappé.

por Daniela Salas