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Abrí mi cuenta de Twitter en enero de 2010, gracias a una amiga que se dio cuenta de que yo tenía el perfil perfecto para ser usuaria de esta red social. Entiéndase “perfil perfecto” como una pulsión adictiva a estar en excesivo contacto con el mundo, y una facilidad inconmensurable para perder tiempo, energía y vida propia.

Twitter me acompañó los meses de réplicas y de pánico después del terremoto (todavía necesito tuitear “temblor” cada vez que la tierra se sacude), me sirvió para reírme en colectivo con cada Piñericosa, me apañó siguiendo las marchas y apoyando al Movimiento Estudiantil de 2011, y muchas otras cosas más. Pero sobre todo me hizo conocer a gente valiosísima que no hubiera encontrado de otra manera, muchos de los cuales ahora son mis amigos, algunos de ellos a estas alturas imprescindibles.

Una de las gracias de Twitter es que permite armar un mundo a la medida, leer a quién quieres cuando quieres y, si te cansas, puedes dejar de seguir y hasta bloquear a una persona para que no te joda más. Una maravilla. Aunque es difícil salvarse de algunos retuits y de la nefasta moda de los hashtags al peo y por cualquier cosa. También ocurre que gente que suele ser interesante, a veces se cae y tuitea o retuitea cosas que a uno no le gustan o no le interesan. Pero bueno… ya sabemos que no hay democracia perfecta: uno va a aprendiendo a lidiar con lo imperfecto de su propio TL y bajándole intensidad a las neuras.

Pareciera que ya nadie se cuestiona más allá de la sentencia de 140 caracteres. El sentido común es cada vez menos sentido y menos común.

Ya hace un tiempo que, para mí, Twitter dejó de ser la ventana al mundo que fue al principio. Ya no confío en la mayoría de las informaciones, fotos o anuncios. La desinformación es feroz y los voladeros de luces son habituales. Y, lo que me parece más preocupante, la inmediatez del tuit y la precariedad de espacio le han ido restando profundidad a las ideas.

Todo se ha ido quedando en un titular grande y en mayúsculas, pero sin bajada, noticia ni desarrollo. Los “tuiteros” nos hemos ido convirtiendo en una manada de búfalos que, al primer estímulo, se raja en estampida hacia cualquier cosa que parezca un enemigo. Pareciera que ya nadie se cuestiona más allá de la sentencia de 140 caracteres. El sentido común es cada vez menos sentido y menos común. Y el mundo es cada vez más blanco o negro. Sin términos medios.

Lapidar es la consigna. Nos indignamos y pedimos la ejecución de Claudio Fariña haciendo llorar a una niña que perdió todo en el incendio de Valparaíso y pasándole plata en cámara, pero nos parece súper normal y generoso que Don Francisco haya estado haciendo lo mismísimo con niños discapacitados durante décadas. Con el mismo propósito los dos.

Tuiteamos sin memoria, sin mesura, en modo troglodita, en caliente, en hordas. A los tuiteros se nos está olvidando pensar más allá del “aquí, ahora, MI rabia y MI impotencia”. Ya no hay espacio para disentir, para discutir, para pensar, para divagar, ni menos aun para equivocarse. Quedó vergonzosamente claro con el episodio “Rafael Gumucio”.

Ojo que nada de lo que digo me excluye. Estoy segura de haberme convertido en esto que reclamo muchas, mil veces. Me di cuenta ahora y me alegro por eso. No me bajo de Twitter, ni cierro mi cuenta, pero los miro desde más lejos, tratando de no olvidarme que yo soy mucho más que esos statements con punto aparte que tiro en esta red social todos los días. Total a pocos les importa lo que digo y ya asumí que no voy a cambiar el mundo. Qué alivio.

por Valeria Artigas
  • Miss Fran

    Muy de acuerdo! En vez de ser un lugar para intercambiar ideas, hemos convertido a Twitter en un mix de muro de los lamentos con juzgado tipo La Haya, es decir, si no estamos descargando rabias, estamos juzgando hechos y personas hasta la destrucción. Tengo Twitter más o menos desde la misma época que tú y siento que se perdió el espiritu “juguetón” y sociable, y ahora hay que andar impresionando a todos con tu asertividad y profundidad…. ay de ti que te equivoques o que cometas una falta de ortografía, ay de ti que atentes con una broma o comentario, contra lo que en la agenda actual es políticamente correcto o sensible… en fin, es eterna la metamorfosis de esta red. Por lo menos yo, he ido aprendiendo que la cosa es sin tomarse todo tan a pecho, total, es solamente una red social, un espacio de la vida, un pálido reflejo de nuestra realidad.

    • Valeria

      Gracias Miss Fran. Como tu dices esto es sólo un pálido reflejo de nuestra realidad y tal vez por eso mismo deberíamos tratar de dejar de tomarnos todo tan a pecho y de ser jueces y manada en la vida cotidiana también. Mil gracias otra vez por tu comentario. Saludos.

  • JCK DANIEL´S

    Estoy casi de acuerdo contigo, Excepto con el párrafo donde comparaste a Fariña con Don Francisco. Ambos no hacen lo mismo, ya sabemos de los “cagazos” que ha hecho Fariña por ser el notero estrella de 24 Horas. El contexto es muy distinto de ambos personajes.
    Me gustó tu analisis a la red del pajarito. Un abrazo!