03. Tócala de nuevo, Greg

Mi primera columna en Molécula fue sobre Hefner, una de esas bandas que, si la buscas en Google, encontrarás tres millones de mansiones y batas de seda, antes que a esos nerds que fueron capaces de hablar de muchas de esas cosas que el brit nunca llegó a decir. Algo parecido a los nerds de los nerds. Esos cabros que nunca llegaron a ser Blur y a los que, tal vez, Albarn les sacaba la cresta en el recreo.

La segunda fue sobre American Music Club, tipos parecidos a Hefner, pero del otro lado del planeta. Y la tercera es sobre The Afghan Whigs, fieles representantes de esas bandas que siguen siendo gigantes si llegas a escucharlas antes de leerlas.

Lucharon años por dejar en claro que, aun siendo de Cincinnati y no de Seattle, no eran un grupo grunge. Los Afghan son del mismo saco de bandas estilo American Music Club, que cuando son contratadas por un sello grande, el pueblo no les da el rating esperado y las tildan de “fracaso comercial”.

Tenía que llegar su tercer disco, llamado “Congregation”, para venir a dejar las cosas claras de una vez por todas. Acá empezamos a conocer al Dulli convertido en ese Barry White con cuarenta grados de fiebre que, cuando te dice “I´m her slave”, no quiere seducirte sino sólo declarar un estado de cosas.

Get off that stuff, she said,
And I’ll stone you instead.
Unchain yourself, said she,
And tie yourself to me.

Y no exagero si digo que lo de Greg Dulli en este disco ya presagia lo que viene. Pudiendo acomodarse a todo, sacan “Gentlemen”, lejos el más fino de esos años. Hit tras hit, y ni un lugar en el que acomodarte. Y esa placa ya muestra a ese Dulli que no está ni ahí ni con Seattle, ni con el sub pop, ni con el grunge. Cuando les pedían ser Nirvana, eran Mudhoney, y cuando les pedían ser Mudhoney, tocaban Prince.

Y sacan el “Black love”, uno de esos discos con poca fama, pero más incendiarios que la discografía entera de Primal Scream. Si no me creen, escuchen esta versión del “Going to town”, citando a Stevie Wonder mejor que nadie.

The Afghan Whigs son de esas bandas a contramano de todo, y que no se conforman con el discazo que es “Black love”. Dulli podría haber dejado todo en este disco. Sin embargo, necesita sacar “1965”, tal vez porque era el homenaje que le debía a Prince, a The Clash, a Al Green y a Miles y a miles más. Nunca hubo más trompetas en la discografía de la banda.

por Pablo Rosenzvaig